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dijous, 4 de juliol del 2019

Ciudadanos, o cómo hundirse sin estilo | The New York Times

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BARCELONA — En algún momento, frente al espejo, Albert Rivera ha de haber ensayado un discurso presidencial, viéndose a sí mismo como la versión española de Emmanuel Macron, vestido de una pátina inmejorable de sigloveintiunismo. Quizás lo imaginó: el chico que creció en Granollers, la ciudad catalana donde sus padres todavía tienen una tienda de comidas preparadas, erigido en el nuevo líder de España.

Pero entonces llegó 2019 y el espejo le está devolviendo una imagen tortuosa. El gobierno podría ser del socialista Pedro Sánchez mientras Ciudadanos, su partido, ha sido incapaz de adueñarse de nada: ni de la derecha —todavía abrazada al Partido Popular (PP)— ni del nacionalismo españolista —casado con la ultra de Vox— ni, mucho menos y como había prometido, del centro político.

Ahora Ciudadanos está en crisis. Dirigentes de peso han comenzado a abandonar el partido disconformes con la incoherencia ideológica de Rivera durante la campaña electoral y los coqueteos para cerrar pactoscon el PP y, sobre todo, con los ultras de Vox para gobernar varias alcaldías. Ciudadanos ha intentado edulcorar esos acuerdos, pero el golpe está dado.
El viraje de Rivera al extremo es una mala señal. El centro político no debiera ser una posición ideológica repelente, pues a los países les va bien cuando optan por la moderación. Hay más por ganar allí que con los discursos extremistas. Un partido liberal moderno o uno de centroderecha inteligente es un contrapeso sistémico sano al centroizquierda y la izquierda.

En democracias parlamentarias como la española, el centrismo facilita la constitución de gobiernos. Hoy se podrían llegar a consensos menos traumáticos con un centroderecha racional que con la derecha enojada del PP y la rabiosa de Vox. El centro es siempre bisagra, pues permite flexibilidad y aleja las fracturas. Ciudadanos nació en 2005 con la idea de representar ese centro. Esa maniobrabilidad es la que España pierde con su crisis.
Rivera ha arrastrado al partido a su hiperpragmatismo en poco tiempo. El partido que debía ocupar el centro liberal de España, que tenía que absorber a los conservadores moderados y a los socialdemócratas defraudados del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es ahora un guiso cada vez más intragable, asomado a acuerdos de rapiña para dirigir algunas ciudades y pueblos.

¿Qué pasó? Pasó el deseo. Y pasó demasiado rápido. En estos días las carreras políticas se construyen a golpe de tuits, con ascensos fulgurantes y veloces y desgastes igualmente tormentosos. Tras los presidentes José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, el recambio político en España abrió la puerta al kínder: la nueva camada de líderes —Pablo Casado, Inés Arrimadas, Pablo Iglesias, Irene Montero, Iñigo Errejón, Pedro Sánchez— es jovencísima. Y muy ambiciosa. Tanto que parece indisimuladamente sedienta de llegar a la cumbre demasiado pronto.

De esa misma hornada es Rivera, quien por acumular poder ha cambiado de traje ideológico cada semana. El chico ha cubierto ya todo el arco político: socialdemócrata catalán al inicio de su carrera, liberal europeísta a mitad de camino, rancio derechista en el ocaso. Lo que en los tiempos lentos del siglo XX podía tomar toda una vida a un dirigente, tomó a Rivera apenas una década y media, y aún no cumple 40 años.

¿Cómo se puede arruinar tan pronto una carrera que parecía prometedora? Stefan Zweig escribió una deliciosa biografía de Joseph Fouché, el asesor y funcionario francés que operó en las sombras durante décadas, cambiando de bando entre la revolución y los jacobinos, Napoleón y el regreso de la monarquía. No la reseñaré aquí, nada más diré que Fouché era un artista del cambio de ropas: nadie podía señalarlo con el dedo por subirse a cualquier gobierno y salir de allí ganancioso, casi tan invisible como entró. Eso es un camaleón, alguien que muta de manera desapercibida. Rivera pretende hacer lo mismo que Fouché, pero sin sus artes discretas de metamorfosis.

La aceleración en la que ha vivido Rivera no ayuda a dirigirse al centro que reclaman los votantes de Ciudadanos. Rivera debiera repensar su camino. Si lo que importan son las ideas y no los hombres, aquel interesante prospecto de político catalán no catalanista necesita hacerse a un lado y darle espacio a otras figuras de su partido.

Como muchos políticos, Rivera hace malabares para presentar sus decisiones como ejercicios de moderación cuando son hijos de la tibieza y el descaro. La moderación se alcanza como producto de una discusión estratégica, formal, ideológicamente sólida. La moderación demanda introspección, saber retirarse e incluso renunciar. La tibieza es un asunto de ventajeros: se consigue mezclando caliente y frío, sin templanza. Ciudadanos es tibio porque es producto de un tironeo que puede dejarlo por los pisos en pocos años.

Hoy Ciudadanos tiene más campo de acción con Rivera en el asiento trasero que al volante. Al partido aún le falta viaje pues todavía no puede separarse de la figura absorbente del chico de Granollers, pero si logra coherencia ideológica y que prevalezcan los personajes referenciales por sobre Rivera podrá tener mejor vida. A Rivera le sonreía más el mundo cuando coqueteaba con el liberalismo que ahora, jugando a ser un jacobino a la luz del día. Y en tiempos de independentismos y grietas nacionales, a España le cabe mejor un centro sólido y sensato que los extremos.

Diego Fonseca es un escritor argentino que vive entre Phoenix y Barcelona. Es autor de “Hamsters”.


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dimecres, 3 de juliol del 2019

A qui molesta Puigdemont? | Pere Martí

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El president a l'exili converteix definitivament el conflicte català en un afer europeu i el seu protagonisme desmenteix el relat que serveix de coartada de la renúncia

Estelades en un dels canals a Estrasbur, el cor d'Europa FOTO MARTA MAS

Conflicte. L’absència forçosa de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras i Toni Comín ha marcat l’arrencada de la nova legislatura al Parlament Europeu. El conflicte català ha esclatat a l’hemicicle per les protestes de nombrosos eurodiputats, davant un Antonio Tajani desbordat. Aquells qui van mirar que fos un conflicte intern han perdut la batalla per sempre. Ja fa temps que el procés català és un afer europeu i avui s’ha vist clarament, tant dins l’hemicicle com a fora, on deu mil manifestants s’han concentrat –un dia feiner– defensant els drets dels tres eurodiputats independentistes i els 1,7 milions de vots que van aconseguir. És a dir, defensant de ser europeus de ple dret. En un moment en què Europa es troba en crisi, pel Brèxit i per l’ascens dels totalitarismes, el catalanisme ha tornat a demostrar el seu europeisme, encara que els estats el menystinguin.

Cap dels tres eurodiputats no ha pogut assistir a la concentració de protesta. Junqueras perquè és empresonat; Puigdemont i Comín s’han acostat a Estrasburg d’Alemanya estant, però no han travessat la frontera arran del desplegament policíac espanyol que hi havia organitzat per detenir-lo i dur-lo a Espanya. El president aquesta vegada ha estat ben assessorat del punt de vista de seguretat. La comitiva de Puigdemont ha detectat dos individus a la frontera amb França, que eren policies espanyols de paisà, i durant bona part del trajecte han estat seguits per un vehicle camuflat que han pogut despistar. La seva absència a Estrasburg no ha impedit que l’exili tornés a guanyar, perquè Catalunya ha centrat la sessió constitutiva del Parlament Europeu.

Puigdemont s’ha convertit en el principal enemic a abatre per l’estat espanyol, perquè la seva existència és un corcó que manté viu el conflicte català a l’àmbit internacional. A Puigdemont l’han volgut liquidar políticament moltes vegades, però no se n’han sortit. Primer van convocar unes eleccions autonòmiques el 21 de desembre de 2017, durant l’aplicació del 155, que en teoria havia de perdre. Però va resultar el dirigent independentista més votat, tot i que després no va ser investit president. En acabat, el van detenir a Alemanya fruit d’un seguiment il·legal de la policia espanyola, però el tret els va sortir per la culata. El Tribunal de Slesvig-Holstein que el va jutjar va desmentir el relat de rebel·lió en què es basava el Tribunal Suprem espanyol i va refusar de lliurar-lo a Espanya. Després s’ha passejat pels principals països europeus, de manera que ha posat en evidència la justícia espanyola i ha demostrat el caràcter polític del conflicte català. I finalment s’ha presentat a unes eleccions europees amb circumscripció estatal, sense coalicions, i la seva candidatura ha aconseguit dos escons al Parlament Europeu. Tot i el revés del Tribunal de Luxemburg, que no va acceptar les mesures preventives, el cas encara ha de ser examinat pel tribunal, on la justícia espanyola no volia que arribés. Per tant, la seva supervivència política ha esdevingut un conflicte de primer ordre per a l’estat espanyol, perquè no el pot controlar.

Curiosament, aquest fet l’ha convertit en el destinatari de crítiques a Catalunya, no tan solament de sectors unionistes, que seria normal, sinó també d’aquells que voldrien un independentisme domesticat, compatible amb l’existència d’una Catalunya autonòmica. Puigdemont trenca la coartada de la renúncia dels qui camuflen de pragmatisme una frenada del procés. Mentre sigui actiu, qualsevol tomb estratègic que no sigui unitari i acordat, comptarà amb un contrapès i això causa incomoditat. Amb tot, la seva principal debilitat és no tenir ara com ara una força política a Catalunya prou cohesionada i estructurada políticament per a rendibilitzar la seva tasca política. Però el milió de vots a les europees, aconseguit amb Toni Comín i Clara Ponsatí, li dóna una transversalitat i una autoritat que cap formació política no pot eludir si no es vol suïcidar políticament.


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dimarts, 2 de juliol del 2019

Perspectiva: ajudar a investir Pedro Sánchez és ajudar Espanya | Vicent Partal

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«Qualsevol cosa que no siga un vot clarament negatiu a la investidura de Pedro Sánchez ara no farà sinó reforçar Espanya en el moment en què és més feble»

pedro sánchez

Vicent Partal

Quan el president Puigdemont va fer a Girona el segon i darrer discurs com a president amb la República Catalana proclamada, va al·ludir a la necessitat de tenir en compte tres P: paciència, persistència i perspectiva. La paciència i la persistència són elements sempre necessaris en la política, un clàssic. La sorpresa per a mi, més encara sabent com Puigdemont mastega les paraules abans de dir-les, va ser l’aparició de la paraula ‘perspectiva’.

Tenir perspectiva sempre és difícil. Molt difícil. Perquè la perspectiva depèn sobretot de la interpretació intel·lectual que cadascú fa de la realitat. Si més no d’ençà de la famosa polèmica de Ciceró sobre el perquè de l’absència en la llengua grega d’un vocable que equivalgués al llatí ineptus, qualsevol analista honest i sensat sap que delicat i difícil que és ser categòric en res. Per això la política depèn tant de la capacitat de convèncer, i la capacitat de convèncer depèn tant de la capacitat de bombardar els individus amb imatges, amb creences, sobre què és fort i és feble, sobre què és raonable i no i, especialment, sobre què és possible i què no ho és. Si tens una capacitat infinita d’incidir sobre l’opinió pública, i encara més si tens una capacitat infinita de manipular-la, sempre tens mitja batalla guanyada. Llevat que, i ací hi ha la clau de tot, hi haja un antídot, que és precisament allò que Puigdemont posava damunt la taula: la perspectiva. La perspectiva és allò que et fa veure les coses clares fins i tot enmig de la manipulació més salvatge. Com ara. La perspectiva, personal o col·lectiva, és la clau de la victòria.

Aquest mes que ara comença en necessitarem molta, de perspectiva, amb relació a dues qüestions. La primera serà tot allò que passe al Parlament Europeu a partir de demà. I permeteu-me que aquesta qüestió la remate, ara per ara, de manera dràstica: veurem coses, potser, que no entendrem. Però recordem, tinguem perspectiva, tot allò que ja va passar amb la detenció del president Puigdemont a Alemanya i la victòria judicial posterior. Que riguen ells unes quantes hores no ens hauria d’importar –i en aquest sentit jo guarde totes les portades aquelles dient que s’havia acabat ‘la fugida’ i els visques a Alemanya per recordar-me a mi mateix com es guanyen les batalles més dures: amb discreció i mantenint la disciplina i el cap fred en el moment més complicat.

Però m’interessa el segon element en què caldria perspectiva, que hi té molta vinculació: aquesta pretensió que Espanya ja ha eixit de la crisi política, gràcies a un Pedro Sánchez reforçat que és capaç d’estabilitzar el seu país per poder derrotar, a partir d’això, l’independentisme català.

Tots vosaltres deveu haver notat el canvi de to que es deriva de l’ascens precipitat de Sánchez als altars. L’Íbex ha entès que amb Podem i Ciutadans només ha fabricat uns frankensteins i ara fa pinya, com poques voltes havíem vist, per estabilitzar el PSOE com a única força que pot mantenir Espanya funcionant i unida. I és com si, de sobte, tot fos senzill. Sánchez no té els vots per a ser president però asseguren que ja arribaran, tot indica que al final del juliol. El PSOE es mostra inusitadament valent, però alhora té uns peus de fang com mai no els hi havia vists. I les possibilitats d’unes noves eleccions espanyoles són claríssimes, malgrat l’esforç mediàtic de fer veure que no. I recauen, molt encara, en Esquerra Republicana i Junts per Catalunya.

Perquè en aquesta batalla una peça clau és l’abstenció dels independentistes, que ERC ja assumeix tot i els incipients moviments interns de protesta i que Junts per Catalunya debat encara, partida en dos blocs clarament diferents. Aquesta abstenció és una mena de vàlvula de seguretat per a Sánchez i per això els socialistes la volen incentivar amb dues premisses: el xantatge als presos del qual parlava l’altre dia, i el desànim de la població, convencent-nos que Espanya és un estat realment fort que no pot ser derrotat i que, per tant, val més que hi renunciem. Aquesta és la tàctica ara. Apartat Rajoy, Espanya torna a ser un estat fort, influent a Europa i capaç d’encarar qualsevol problema. Però parlem-ne, perquè aquesta imatge no aguanta ni la mínima anàlisi.

Agafem per referència el període que s’obre amb les eleccions del 20 de desembre de 2015; parlem, doncs, de tres anys i mig. Menys que no havia d’haver durat una legislatura. I el balanç és indiscutible: en tres anys i mig Espanya ha hagut de fer tres eleccions, hi ha hagut un govern en funcions i sense suport parlamentari durant deu mesos, per primera vegada un pacte de govern (PSOE-Ciutadans) no ha superat el tràmit parlamentari de la investidura i ha fracassat, i per primera vegada també una moció de censura (al PP) ha tombat el govern a mitja legislatura.

Més enllà de la propaganda i la unitat en la qual tots estan d’acord quant a la repressió contra Catalunya, l’estat espanyol es troba enmig d’una crisi institucional enorme i una paràlisi institucional completa. Espanya és a punt de completar per primera vegada en dècades un cicle anual sense pressupost. El Consell General del Poder Judicial, un òrgan absolutament imprescindible en un moment com aquest, és caducat quant a la composició d’ençà del desembre i no el poden renovar, igual que ho són tot de càrrecs i institucions sensibles, com ara el consell d’administració de RTVE. Compromisos internacionals sobre qüestions molt urgents no s’han pogut aprovar. Després de la cimera contra el canvi climàtic de París, Espanya es va comprometre a aprovar una llei específica. Era el desembre del 2015 i encara no existeix. Decisions àmpliament anunciades no arriben mai, de la derogació de la llei mordassa o el trasllat de Franco a l’anomenada reforma de la fiscalitat o a reformes diverses i polèmiques del codi penal, especialment respecte de les agressions sexuals. La reforma del sistema de pensions, la del finançament autonòmic, reclamada amb urgència absoluta per la Generalitat Valenciana, la del mercat de l’habitatge o aquell famós pacte per l’aigua que tant d’enrenou havia alçat han acabat completament blocats pel camí, enmig de la paràlisi. Els sindicats reclamen la derogació de la reforma laboral del 2012 i no hi ha ni tan sols ocasió de proposar-la perquè ningú no n’entoma la direcció política. I no cal dir que la reforma de la constitució o la discussió d’una nova llei electoral són objectius que en aquest marc no poden ni estudiar-se. La crisi de la monarquia és tan greu que ja penja només de la difusió de vídeos, comprometedors o no, i el conflicte institucional entre Catalunya i Espanya no solament no s’ha acabat sinó que s’ha agreujat.

Els dos partits independentistes amb representació al congrés de Madrid van decidir quan va tocar de donar suport a la moció de censura contra Rajoy i el balanç d’aquell error estratègic és bastant clar. A tot Europea es va llegir l’arribada de Sánchez al govern com una pacificació de la crisi catalana –i què havien de llegir si els independentistes i tot el votaven? I Sánchez ho ha aprofitat per intentar esborrar el Primer d’Octubre i presentar els independentistes com uns intransigents. Per això qualsevol cosa que no siga un vot clarament negatiu a la seua investidura ara no farà sinó reforçar Espanya en el moment en què és més feble i quan intenta frenar l’independentisme aparentant una força que no té i que la perspectiva permet d’avaluar molt millor que no pas el xantatge.

PS. Supose que deveu recordar el debat de Ciceró, però, per si de cas a algú li falla la memòria, l’explique. A De Oratore el filòsof es va embrancar a discutir per quin motiu en la llengua grega no existia una paraula equiparable a la llatina ineptus (entesa en el sentit de ‘impertinent’ o ‘indiscret’). Entre els seus contemporanis hom afirmava que els grecs eren tan educats que no necessitaven una paraula que definís una cosa que per a ells era impensable. Però la rèplica de Ciceró va ser genial: i si la inexistència de la paraula fos, precisament, la prova que aquest defecte és tan general entre els grecs que ni s’adonen que existeix i per tant no el poden definir? Ja ho podeu aplicar, si voleu, al nacionalisme espanyol…

Font: https://www.vilaweb.cat/noticies/investir-pedro-sanchez-ajudar-espanya-editorial-vicent-partal/

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dilluns, 1 de juliol del 2019

Pérez Royo: "El Tribunal Constitucional dio un golpe de Estado en Cataluña"

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Este catedrático de Derecho Constitucional (Sevilla, 1944) lo que dice es que, si se analizan sus críticas y previsiones, nunca se ha equivocado

Foto: Javier Pérez Royo

AUTOR
Habrá quien piense de él que es el 'enfant terrible' del constitucionalismo español y quien lo vea como un oportunista que le hace el juego a los independentistas catalanes. La realidad es que, desde hace más de diez años, Javier Pérez Royo (Sevilla, 1944) se ha convertido en una de las principales referencias de la izquierda radical y del movimiento independentista para sustentar con su criterio académico las críticas al modelo de Estado, a las decisiones del Tribunal Constitucional, a la Corona… A todo aquello que hace tambalear la democracia española. Este catedrático de Derecho Constitucional lo que dice es que, si se analizan sus críticas y previsiones, nunca se ha equivocado.

En su juventud, coincidió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla con la que después sería la cúpula dirigente del PSOE (Felipe González, Manuel Chaves, José Antonio Griñán…), pero se afilió al Partido Comunista, el único en el que ha militado aunque durante años colaboró activamente con el poder socialista de la Junta de Andalucía. En 2015, llegó a inscribirse en una candidatura de Podemos al Congreso, pero lo abandonó poco antes de empezar la campaña electoral; lo hizo por su amistad con Chaves ante el procesamiento de los ERE, para no participar en el acoso político al expresidente andaluz. Su obra se estudia en las universidades españolas; su último libro se lo dedica a sus nietas: 'La Constitución explicada a mis nietas'.

Pérez Royo

PREGUNTA. ¿Está usted seguro de que, tal y como están las cosas, sus nietas conocerán de adultas una Constitución española?
RESPUESTA. Lo importante de una Constitución es formarse bajo ella. Walter Bagehot, que era periodista, uno de los fundadores de 'The Economist', decía que quien entiende bien una Constitución no es la generación que la hace, sino la generación, las generaciones, que se educan bajo ella. Como mis nietas ahora. ¿Cuánto va a durar esta Constitución? Pues no lo sé, porque como no se reforma…

P. Pues verá, quizá el problema sea ese, que en España se ha hecho poca pedagogía de ese logro histórico de los españoles, como fue la Constitución.
R. La historia de la Constitución del 78 es una historia de éxito, de eso no cabe la menor duda. No existe parangón en la historia de España. Pero ese no es el problema; la patología constitucional española es la incapacidad de reformar la Constitución. No hay ningún sistema constitucional, por muy bien hecho que esté, que no necesite renovar su legitimidad. La legitimidad de esta Constitución es la de la Transición. Muy bien, la Transición, la Transición, la Transición… Nada más que hablamos de la Transición, pero es que aquello pasó. Ahora hay que renovar su legitimidad. El Senado, por ejemplo, es una vergüenza, es anticonstitucional, un aborto. Hay más: es necesario incluir el mapa autonómico en la Constitución, eliminar la preferencia del varón sobre la mujer en la Jefatura del Estado, la relación del Derecho español con el europeo…
El Senado, por ejemplo, es una vergüenza, es anticonstitucional, un aborto

P. ¿Está usted seguro de que en otros países democráticos la gente se cuestiona la legitimidad de su Constitución por el hecho de que no se reforme? En Estados Unidos, por ejemplo, que tiene una constitución de más de dos siglos…
R. Este debate se plantea en todos los países del mundo con respecto a sus constituciones… Un Estado democrático funciona con la combinación de un principio de legitimidad y un principio de legalidad. El principio de legitimidad es la Constitución y el principio de legalidad es el resto del ordenamiento jurídico, que se renueva permanentemente, desde las ordenanzas municipales hasta las leyes orgánicas. Pero todo descansa en la presunción de legitimidad que solo tiene la Constitución. Digo presunción porque los ciudadanos se tienen que creer esa legitimidad. ¿Estados Unidos? Estados Unidos es Estados Unidos, aunque también se ha reformado de la misma forma que en todos los demás países, en todos: las constituciones se renuevan porque son democráticas y son democráticas porque se renuevan. En España, no lo hacemos.

P. ¿Usted cree que los problemas de España se resuelven modificando el Senado o incluyendo en la Constitución el mapa autonómico? Es que a veces se habla de reformar la Constitución cuando lo que se pretende es demolerla…
R. La Constitución no resuelve ningún problema; la Constitución no está para resolver problemas... La Constitución es la norma que hace posible que se resuelvan todos los problemas utilizando la política y de una forma jurídicamente ordenada. Y repito: de ahí la importancia de su legitimidad que se consigue cuando se renueva. Todas aquellas constituciones que no se renuevan, acaban saltando por los aires. En España tenemos bastante experiencia histórica y a esta Constitución le ocurrirá lo mismo si no nos convencemos de eso… Se hizo la Constitución del 78, nos tragamos lo que nos tuvimos que tragar, y ahora hace falta renovarla porque la reforma constitucional es la institución más importante de una democracia.

Pérez Royo

P. Me desconcierta que primero diga que la Transición es una historia de éxito y ahora añada que nos tuvimos que tragar… ¿Qué nos tuvimos que 'tragar'?
R. Pues las dos cosas más importantes del sistema político español, la monarquía y las Cortes Generales, que las pone Franco. La restauración de la Monarquía se produce en 1947 y las Cortes Generales están definidas en la Ley para la reforma Política, que también es previa al periodo constituyente. La Constitución lo que hace es asumir todo eso, junto al sistema electoral que estaba en el decreto de 1977.

P. ¿Por qué pone usted el acento ahí y no en que más del 90% del pueblo español aprobó esa Constitución? ¿O que la figura del Rey fue fundamental para una Transición modélica de una dictadura a una democracia, como reconocen todos los historiadores?
R. No podemos hacernos trampas en el solitario… La gente quería salir del franquismo y la Constitución se votó masivamente, sí, pero la gente no votó la monarquía.

P. De la misma forma podríamos decir que tampoco se votaron las autonomías…
R. No, eso es distinto porque había claramente un deseo en la sociedad española de un Estado descentralizado.
La gente quería salir del franquismo y la Constitución se votó masivamente, sí, pero la gente no votó la monarquía

P. En fin, me parece un gesto de cicatería no reconocer el papel del rey Juan Carlos en la llegada de la democracia. Y el prestigio popular que gozaba en aquellos años.
R. A ver, que la figura del Rey fue clave no se discute; él dirigió la transición desde las Leyes Fundamentales del franquismo a la Constitución. Pero dirige el proceso con la finalidad de garantizar la restauración de la monarquía y sabía que, a esas alturas de la historia, necesitaba una constitución democrática.

P. Si se oyen, o se leen, las memorias de los líderes de izquierda de la Transición, desde Felipe González a Santiago Carrillo, nadie dice que tuviera que 'tragar'; todos hablan de un acuerdo necesario para conseguir la democracia. Republicanos que se vuelven 'juancarlistas'…
R. Fue una imposición. Yo recuerdo una reunión del Comité Central del PCE en la que, en un momento dado, llamaron a Carrillo de la Presidencia del Gobierno, Adolfo Suárez. Sería abril de 1977, ya legalizado el Partido Comunista. Estábamos reunidos, lo llamaron y se ausentó durante dos horas. A la vuelta, Santiago nos dijo: 'Señores, la monarquía no se puede discutir. Si no nos comprometemos a sacar adelante la monarquía, se aborta el proceso constituyente'.

P. Estamos en lo mismo: también se puede afirmar que la monarquía en aquel momento era el pegamento necesario para que la democracia fuera aceptada por todos.
R. Bueno, esa es otra cuestión distinta. Pero Franco es quien impone la monarquía y al monarca, porque se salta la dinastía para que se viera claro que Juan Carlos era su decisión. Luego el Rey elige a Suárez y este es el que hace ver a todos cuáles son los condicionantes. A partir de ahí, tenemos una Constitución perfectamente democrática y lo que digo es que tendría que haberse reformado para ir levantando hipotecas y renovando su legitimidad.
La Constitución se ha interpretado como un punto de llegada y eso es una barbaridad, acaba mal. De hecho, ya tenemos muchos problemas: desde el 2014 o 2015, el sistema constitucional ya no está funcionando en España. Somos el último país de la Europa occidental en incorporarnos a una democracia constitucional y hemos sido el primero en tener que repetir unas elecciones por incapacidad para nombrar a un presidente del Gobierno. Luego vino la falsa investidura de Mariano Rajoy, porque no se sustentaba en una mayoría para gobernar, y la moción de censura estrambótica de Pedro Sánchez,inimaginable antes de la sentencia de la Gürtel. No se aprueban presupuestos, no se aprueban leyes…


P. Lo que usted quiere decir, entonces, es que en España lo que no funciona es la clase política, pero eso no tiene nada que ver con la Constitución. ¿No le parece?
R. La síntesis política que hace la sociedad española, que es en lo que consiste la democracia, con el marco establecido en la Constitución, no ofrece una fórmula de gobierno. El esquema de representación que se definió con la Constitución ha funcionado en estos cuarenta años, con el bipartidismo, pero ya no funciona. Eso se ve claro con el desmoronamiento de todos los partidos políticos. Parece que el PSOE se está librando, pero es que al PSOE se le aparece la virgen periódicamente…

P. Explíqueme, como si fuera a sus nietas, cómo se puede defender el derecho a la autodeterminación que no contempla ninguna Constitución, ni la española, ni ninguna.
R. El derecho de autodeterminación no existe. El derecho de autodeterminación es el derecho constitutivo de la democracia, usted se autodetermina eligiendo a sus representantes en su ciudad, en su comunidad, en el Estado y en Europa. Y los catalanes, por tanto, no están privados de ningún derecho porque tienen exactamente los mismos que el resto de ciudadanos del Estado. Dicen que están privados de derechos, pero eso no tiene sustento jurídico: lo que de verdad quieren decir es que no quieren ejercer sus derechos con el resto de los españoles, sino separados, de forma independiente... Vamos a ver, Cataluña es el gran problema constitucional de España. Desde siempre, desde antes de que existiera la Constitución. Ahí está la rebelión catalana del siglo XVII que ha estudiado Elliot, cuando Cataluña se separa de España y se une a Francia.
Vamos a ver, Cataluña es el gran problema constitucional de España. Desde siempre

P. En plena revuelta independentista, en octubre de 2017, escribió usted un artículo en 'Ara' en el que decía que lo que estaba pasando era la reacción de los catalanes "ante el golpe de Estado del PP a través del Tribunal Constitucional". ¿Cómo se puede decir eso y cómo puede decirlo un catedrático de Derecho Constitucional?
R. Pues sí, y además lo dije también mucho antes. En 2007, en un artículo en 'El País', tres años antes de la sentencia del Constitucional, en el que decía: 'se está fraguando un golpe de Estado en el Tribunal Constitucional y como triunfe el golpe, las consecuencias van a ser terribles'. Tres años después, es lo que sucedió.

P. Repito: en el momento en el que la Generalitat proclama la independencia y la desobediencia, usted dice que quien ha dado un golpe de Estado es el Tribunal Constitucional. Me resulta incomprensible…
R. Vamos a ver, formalmente, el Tribunal Constitucional dicta una sentencia constitucional: materialmente, lo que hace es destruir los dos pilares en los que descansaba la constitución territorial y que se había pactado en la Transición, expresamente para Cataluña. Eso fue lo que consiguió al desautorizar el pacto entre los dos Parlamentos e ignorar el resultado del referéndum. A partir de entonces, en Cataluña hay una Constitución y un Estatuto, pero los ciudadanos no lo reconocen.

P. Querrá decir una parte de los ciudadanos.
R. La mayoría o, por lo menos, un número suficiente como para que no funcione nada. Y Cataluña tiene tanto peso que España no puede dirigirse democráticamente si no se dirige democráticamente Cataluña. Ese es el problema: los catalanes no tienen fuerza suficiente para independizarse, pero sí tienen fuerza para hacer imposible el funcionamiento democrático del Estado español. La independencia es un espejismo; cuando está lejana parece posible pero cuando se acerca, se desvanece.

Pérez Royo

P. ¿Ha seguido el juicio del 'procés'? ¿En España existen presos políticos?
R. En España no hay presos políticos, pero lo parece. A ver, mi opinión es que en España existe un Estado democrático y de derecho y una Justicia que, con sus problemas, es equiparable al resto de Europa. Pero la forma de responder al 'procés' no ha sido la de un Estado democrático y de derecho. Judicializar lo que ha ocurrido y plantearlo como un delito de rebelión es una barbaridad, vulnera la Constitución y se saltan derechos fundamentales.

P. Pero ¿cómo puede ser inconstitucional aplicar la Constitución y el Código Penal que incluye el delito de rebelión por declarar la independencia de una parte de España?
R. La rebelión es con violencia, que no se da en Cataluña… Vamos a ver, eso no es aplicar la Constitución, es judicializar un problema de naturaleza política. Una vez que se aplicó el 155 y se suspendió la autonomía, si se cometieron delitos, que yo creo que se cometieron, como malversación o desobediencia, tendrían que haberse llevado a los juzgados correspondientes, la Audiencia Provincial de Barcelona o el Tribunal Superior de Justicia. Saltarse todo eso, llevarlo a la Audiencia Nacional y concentrarlo en el Tribunal Supremo es una vulneración porque lo convierte en juez de primera y una única instancia.

P. ¿Cómo piensa que acabará la pretensión de Puigdemont de ocupar un escaño en el Parlamento europeo?
R. Puigdemont y Comín están fuera de España ejerciendo derechos fundamentales…

P. …están fugados de la Justicia española.
R. No, no, eso es un error. Ellos se van ejerciendo el derecho constitucional, artículo 19, de entrar y salir libremente del territorio del Estado.
Puigdemont y Comín están fuera de España ejerciendo derechos fundamentales

P. Está usted de broma, ¿no?
R. No, no, nada de broma. Hablo completamente en serio. Cuando ellos se van no hay ninguna orden de detención contra ellos. Y fijan su residencia en Bruselas. A posteriori, hay una orden de detención. Ellos no huyen de la Justicia y cuando los ha llamado un juez europeo, han acudido, se han defendido y se han mostrado dispuestos a volver en las condiciones que esos jueces han dictado, como ocurrió con el tribunal alemán de Schleswig-Holstein. Por lo tanto, lo que no podrá hacerse es impedirles que ocupen el escaño en el Parlamento Europeo porque, aunque a ellos no les guste, son ciudadanos españoles con todos los derechos que la Constitución les reconoce. Como el derecho de sufragio activo y pasivo. En este momento, son diputados electos, proclamados formalmente tras las elecciones. Con lo cual, gozan de inmunidad.

P. ¿Y sucederá lo mismo con Oriol Junqueras? ¿Cómo va a ocupar un escaño si sigue en prisión preventiva y en septiembre puede estar condenado?
R. Mi impresión es que Junqueras será también parlamentario europeo. Y si adquiere la condición de eurodiputado, junto con Puigdemont y Comín, lo que ocurrirá es que el Tribunal Supremo no podrá dictar sentencia porque tendrá que paralizarlo todo y pedirle el suplicatorio al Parlamento Europeo para poder proceder penalmente contra él. En esas, tendrán que ponerlo en libertad, al igual que al resto de presos en prisión preventiva.

P. Si eso sucede, en fin… Es un golpe descomunal para la demolición del Estado español.
R. Haber judicializado esto es una barbaridad, por eso había que resolverlo políticamente. Cuando eso sucede, el resultado es catastrófico. Ahora es imposible saber cómo puede acabar, cómo se puede recomponer todo… No lo sé… Lo que sí le digo es que, desde 2007, llevo avisando de todo lo que va a pasar y todavía no me he equivocado ni una sola vez.


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